Un final previsible: el Brexit

Actualizado: abr 25

Como si de una película de argumento excesivamente manido se tratase, la relación del Reino Unido y la UE tenía un final del todo esperado. Pese a esta etapa del Reino Unido en la que ha pertenecido al prestigioso club de la Unión Europea, finalmente se termina por culminar el #brexit durante este 2020.

De eso trataremos en las siguientes líneas, de aproximarnos a comprender los motivos por los cuales se ha producido esta situación, y que a través de algunas escenas de películas nos permiten observar matices y detalles esclarecedores.

- autonomía monetaria e independencia económica - complejo histórico de invasiones extranjeras - el imaginario de la grandeza pasada - y temor a la inmigración, populismo y nacionalismo ...la receta del Brexit

La idiosincrasia británica


Razones históricas, culturales y geográficas han existido siempre para evidenciar ese distanciamiento entre las islas británicas y el resto de la Europa continental. Aunque no es menos cierto que sus vinculaciones germánicas e influencias francesas también fueron fuertes en muchos momentos de la historia.


Así y todo desde el punto de vista histórico, invasiones de otros pueblos y rivalidades con otras potencias europeas continentales forjaron el carácter isleño y ciertamente ermitaño y aislacionista de los británicos, siempre celosos de su autonomía en materia política y económica. Extracto de An Education (Lone Scherfig, 2009) con un Alfred Molina de discurso eurófobo a su hija interpretada por Carey Mulligan.

No es casualidad que continúen utilizando unidades de medida diferentes a las universales, y por supuesto la libra esterlina frente a dólar y euro. Ni que mantengan el sentido de la circulación invertido, su sistema de toma de corriente distinto, e incluso su doctrina particular del catolicismo que difiere de la continental...


De fuera vendrán…miedo histórico e histérico a las invasiones


Elizabeth: la edad de oro (Shekhar Kapur, 2007) no es sino una película hecha para ensalzar la figura de la reina Isabel I (Cate Blanchett) que derrotó la Armada Invencible española con la que Felipe II (Jordi Moyá) pretendía conquistar las islas y convertirlas en parte de su imperio, y así castigar al anglicanismo imponiendo el catolicismo tradicional. Los ingleses comenzaron desde ese momento histórico, quizá a creer más en ellos mismos y en su fuerza al no sucumbir al asedio español y a las conspiraciones francesas, vanagloriándose en exceso desde entonces.

Y de paso con esta película nos ofrecen buena de dosis de leyenda negra antihispánica, mostrando al catolicismo clásico como propio de fanáticos y oscurantistas. Con un Jordi Moyá interpretando al rey Felipe II como si fuese más un poseído que un monarca.


Ni que decir tiene el perverso uso de simbolismos mediante el vestuario y la iluminación de unos y otros. Claras, esplendorosas y brillantes en el caso de los personajes británicos así como la luz facial y la escénica, que contrastan claramente con los trajes negros y oscuros rostros con escasa luminosidad de las escenas donde se nos muestra a los malvados españoles.


Lógicamente esos enfrentamientos del pasado con otras potencias implican un rechazo histórico a tener algo que ver con los europeos continentales, por tantos siglos rivales en lo geopolítico y mercantil.


La rivalidad con Francia y España a lo largo de los siglos por el dominio naval y el imperialismo desarrollaron antipatías hacia los vecinos continentales.


Dominio británico hasta las Grandes Guerras


Desconfianza y rechazo incluso respecto de Portugal, con quien mantuvo bastantes alianzas (interesadas), y a la que traicionó en algunas ocasiones intentando arrebatarle el control de colonias y posesiones de ultramar.


En Queimada (Gillo Pontecorvo, 1969) con Marlon Brando o en La guerra del opio (Xie Jin, 1998) por ejemplo, queda patente cómo los ingleses durante buena parte de la era de las colonias trataron de imponer su dominio y su criterio de libre comercio. “Libre”, sin embargo ejerciendo control sobre los recursos y los tránsitos de las mercancías, llegando a monopolizar el comercio internacional.


Ese dominio extendido a lo largo y ancho del globo se tradujo en ese sentimiento de superioridad con respecto del resto de europeos, y por ende de otras latitudes.

Superioridad que fue aplacada de manera brusca con la irrupción a principios de siglo XX, y sobre todo en el periodo de las Grandes Guerras, de Estados Unidos como potencia mundial. Tanto Alemania a nivel continental en las últimas décadas, como Estados Unidos supusieron una seria amenaza al ego y vanidad británicas.


En sendas películas dedicadas a la figura de Winston Churchill, se aprecia la necesidad de remarcar el papel preponderante británico en el orden mundial ya conscientes de que su antigua colonia les había usurpado ese rol: Churchill (Jonathan Teplitzky, 2017) con Brian Cox en el papel y El instante más oscuro (Joe Wright, 2017) con Gary Oldman.

El declive de su preponderancia toca a su fin en lo económico con la sustitución del Patrón Oro por el Sistema de Bretton Woods, donde Reino Unido dejara de ser el principal agente económico mundial en detrimento de los dólares americanos.


Aunque en 007: James Bond contra Goldfinger (Guy Hamilton, 1964) todavía quisiesen arrogarse ese papel preponderante y situarse en la escena tratando de tú a tú y de la mano de Sean Connery con los estadounidenses, el dólar ya era el principal valor de respaldo monetario para el sistema financiero.

En la segunda mitad del siglo XX, ya alemanes y franceses eran objeto de la eurofobia tan instaurada en el imaginario colectivo de los ingleses, que más que posiblemente perdura en buena parte de la población fruto de la ignorancia y del arraigo de esa cultura endogámica y arrogante propia de los nacionalismos más básicos.


Los ochenta como revulsivo del nacionalismo británico


Durante los años de mandato de la primer ministro Margaret Thatcher, que vinieron marcados por las grandes crisis de sectores industriales en Reino Unido con importantes protestas de obreros y sindicatos, curiosamente se produjo el resurgir del orgullo patrio británico gracias a un conflicto convertido en épica belicista, como fue el caso de las Malvinas.


La cortina de humo que creó Thatcher para desviar la atención sobre los graves problemas socioeconómicos de su país, le sirvió para afianzar su liderazgo e implantar sus férreas medidas económicas durante los años ochenta cuando prácticamente estaba muy en entredicho su continuidad al frente del gobierno: La dama de hierro (Phyllida Lloyd, 2011) con Meryl Streep.

Junto con ese resurgimiento patriótico nacional británico, la reconversión industrial de los años ochenta conllevó el aumento del desempleo y el empobrecimiento de importantes ciudades tradicionales y relevantes del sector industrial. Es en ese entorno en el que surgen movimientos populistas como el de los cabezas rapadas e hinchas violentos (“skin heads” y “hooligans”) que fijan sus iras en inmigrantes extranjeros: This is England (Shane Meadows, 2006).

Sin duda, una de las principales causas del fenómeno #brexit actual, se basa en el miedo de esas clases de estrato socioeconómico más bajo o de entornos menos abiertos o receptivos con la globalización y el multiculturalismo, contra el inmigrante y el extranjero. Todo esto ha generado tal rechazo y clima de euroescepticismo, al entenderse la Unión Europea como una amenaza a la integridad nacional por causa de la apertura de fronteras y aceptación implícita de inmigración, que hoy ya hablamos de Brexit en vías de ser consumado.


Big data, populismo y #brexit


El culmen a todo este breve recorrido cinematográfico basado en humildes reflexiones de lo que ha podido forjar este espíritu eurófobo y euroescéptico de la Gran Bretaña tradicional, se muestra en la película sobre el propio proceso de salida de la UE y que lo originó.


Brexit: the uncivil war (Toby Haynes, 2019) desgrana el proceso de promoción del referéndum que forzó al gobierno británico a tomar la decisión de solicitar su salida de la UE, basado en noticias falsas y bulos ('fake news') pero principalmente en el uso de la información asimétrica y las grandes bases de datos a partir de Big Data.


Mediante sofisticadas técnicas de estudio de tendencias con algoritmos y el uso aplicado en redes sociales se consiguió generar y potenciar el clima antieuropeísta que nos ha llevado al momento actual.

Es cierto que el proyecto de la UE carece de toda la consistencia que debiera y que se ha convertido en una gran máquina burocrática de imposición de voluntades de Alemania sobre el resto de socios miembro europeos (véase el caso griego en La tragicomedia de la economía griega y cómo la burocracia y la voluntad germánica aplaca todo atisbo de autonomía griega).


Todo ello unido a los motivos históricos expuestos en las líneas anteriores, resultan suficientes para generar un pequeño esquema mental de las razones por las que los británicos no deseen tal sometimiento a unas reglas y normas comunitarias percibidas como impuestas. Impuestas además por Alemania quien muy pocas décadas antes había tratado de invadirles y aniquilarles.


A nadie puede escapársele tampoco que el nivel de autonomía en el campo de la política económica y monetaria es un factor muy importante que Reino Unido siempre ha considerado clave para su desarrollo, y por tal motivo el recelo antieuropeísta se ha visto aumentado en los últimos años en ese sentido habida cuenta de la grave crisis económica atravesada.


El populismo y el nacionalismo exacerbado tan imperante en los últimos años a nivel global está generando un clima que amenaza las alianzas internacionales, comprometiendo tratados comerciales o promoviendo otros bilaterales más acotados, y agrava conflictos y problemas que parecían estar resueltos…


No obstante esta partida del Brexit no ha hecho más que comenzar, faltando por resolver el tema de las condiciones financieras y jurídicas de la salida, futuros acuerdos comerciales, fronteras irlandesas, el tema escocés... Tal y como pone de manifiesto Ewan McGregor en la original Trainspotting (Danny Boyle, 1996)…


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