La animación y los tecnófilos

Películas de animación para reactivar el pensamiento crítico y reflexionar sobre toda esa gran transformación tecnológica y digital en la que estamos envueltos.

Más que notorias las grandes producciones de los últimos años en el género de animación. Las grandes productoras (Pixar, DreamWorks, Disney, Netflix...) se esmeran cada vez más en forma y lo que es más interesante, en el contenido. Sus excelentes películas son de lo más oportunas para recapacitar sobre el presente y venidero cambio tecnológico. Buena parte de sus argumentos, principales o secundarios, tratan acerca de cómo podría influir todo ello en las generaciones presentes y futuras.


Por ello, se pueden seleccionar algunas películas para reactivar el pensamiento crítico y reflexionar sobre toda esa gran transformación tecnológica y digital en la que estamos inmersos.


Ya en otro artículo sobre la economía verde, un concepto muy marketiniano político e industrial, quedaba claro que las películas de animación son mucho más que dibujitos o contenido para todos los públicos. Más bien esta última afirmación es bastante cierta, a la cual debemos despojar de todo sentido peyorativo o condescendiente. Su carga intelectual es mucho mayor de lo que a priori se pueda imaginar en un producto aparentemente infantojuvenil.


En esta ocasión, a través de una pequeña propuesta de películas se pueden tratar ciertos temas interesantes sobre el impacto de las nuevas tecnologías en la sociedad, para “todos” los públicos. Máxime aprovechando el periodo vacacional estival que es un momento de pleno apogeo, plagado de reuniones y convivencia de la unidad familiar.

El cambio tecnológico de este siglo XXI está muy relacionado con la robótica, la hiperconexión a la red y los dispositivos vinculados. No conocer mínimamente estos dominios del ámbito tecnológico le convierte a uno en un analfabeto digital. El equivalente sin duda a leer o escribir con dificultades en décadas pasadas. Estamos en una era en la que cualquier menor de edad es capaz de manejar con destreza un ordenador o un teléfono móvil y comprender sus entresijos.


A pesar de los estudios (siempre hay alguno de la temática que sea, de una Universidad de cualquier recóndito lugar de EEUU con conclusiones “reveladoras”), es preferible casi no enredarse con los mismos e investigar en la filmografía que resulta más atractivo y divertido. Las leyendas sobre la naturaleza adictiva de las tecnologías entre los jóvenes no cabe duda que pueden ser bastante veraces. Sin embargo, los conocimientos sobre programación, análisis de datos, ofimática avanzada y otras muchas aplicaciones son un valor añadido muy importante para la futura vida laboral. Esta nueva era de transformación digital requiere ser ducho en la materia, y por cierto, ¿qué era de la Humanidad no ha tenido grandes avances técnicos a los que adaptarse?


En Emoji (Anthony Leondis, 2017) se critica acertadamente la dependencia excesiva de los teléfonos móviles. Además ahonda en los efectos perniciosos de la popularidad en redes sociales, muchas veces mal entendida (seguidores y detractores, 'trols', 'haters', 'hackers',etc). Recorriendo las diferentes apps que contienen nuestros inseparables aparatos, encontramos por supuesto los jeroglíficos del siglo XXI, los emoticonos. Una nueva forma de comunicación porque «las palabras ya no molan».

Para desvirtuar algunos estudios contrarios a la pedagogía del público infantojuvenil a base de nuevas tecnologías, Las aventuras de Mr.Peabody y Sherman (Rob Minkoff, 2014) es una amena película en la que se pone de manifiesto lo complicado que es educar. Pero sin duda, se puede (y se debe) usar la tecnología para aprender. Claramente es una inmejorable e infinita fuente del saber.

Mr.Peabody pone en valor el capital humano y la inversión en el socorrido I+D+i. Su máquina de vuelta-atrás permite repasar acontecimientos históricos que han marcado el devenir de la Humanidad. Una buena manera de transmisión del conocimiento. El bebé jefazo (Tom McGrath, 2017) redunda también en la necesidad de ponderar valores más familiares. Igual a lo experimentado por Mr.Peabody, al que aún con toda su inteligencia canina superdotada no le alcanza para saber criar a su hijo Sherman.

Estas películas moralizan sobre las virtudes de la tecnología pero siempre promoviendo un uso racional y moderado, y sin descuidar los valores humanísticos de las relaciones sociales y la familia.

El sedentarismo es una de las brillantes reflexiones que propone Wall-e (Andrew Stanton, 2008) además del ecologismo militante de la película. La dependencia de la tecnología convierte a los humanos en seres obesos y excesivamente tecnófilos. La robótica atiende en demasía a las personas convirtiéndolas en seres pasivos, casi inertes.


La introducción de la robótica en la vida doméstica, es la auténtica revolución que está por venir, es asimismo el tema principal junto a los videojuegos de la película animada La nueva generación (Kevin R. Adams, Joe Ksander, 2017). Un futuro muy cercano con «un robot para todo», en un entorno similar a la ciudad futurista trazada por Blade Runner (Ridley Scott, 1982).


Por cierto, un argumento el de «un robot para todo» que vale la pena explorar a través de una película no animada: Un amigo para Frank (Jake Schreier, 2012).

Además de la predilección de la madre de la protagonista por las virtudes de los robots domésticos, el acoso escolar, la amistad y la originalidad de los raritos son temas transversales.

El último de los grandes éxitos, maquinaria mastodóntica de marketing de Netflix mediante, es la película Los Mitchell contra las máquinas (Michael Rianda, Jeff Rowe, 2021). Divertida y emotiva. Es a su vez crítica con la inteligencia artificial, el poder monopolístico de las grandes tecnológicas, y ciertos peligros del Internet de las cosas y los robots.

En definitiva, haya hijos, hermanos, sobrinos, nietos en casa o no; vale mucho la pena recurrir a estas películas para abordar aspectos sobre el tipo de entorno en el que se van a mover las próximas generaciones. Desde hace una o dos de ellas, de perfil muy tecnófilo y completos nativos digitales.